Siniestros en el hogar: hurto o robo

Cuando elegimos un seguro del hogar tendemos a fijarnos más en lo que nos cuesta su mantenimiento que en los siniestros que cubre. Es importante detenernos a analizar este punto, porque ¿de qué nos va a servir tener un seguro si cuando llegado el momento en que lo necesitamos no nos responde?

Uno de los conflictos más habituales entre asegurados y aseguradores es el robo. Cuando entran en nuestra vivienda y se llevan nuestras cosas no sólo nos sentimos vulnerables, sino que comienza una serie de trámites (denuncia, aviso al seguro…), y si no tenemos claras algunas cuestiones ese proceso puede resultar muy molesto y terminar sin que se reconozca nuestro derecho (que creíamos tener asegurado).

En primer lugar, hay que distinguir dos conceptos fundamentales, que parecen sinónimos, pero que tienen importantes diferencias: hurto y robo.

El Código Penal los define así:

  • Hurto: “tomar las cosas muebles ajenas sin la voluntad de su dueño”.
  • Robo: “apoderarse de cosas muebles ajenas con violencia en las cosas o con violencia e intimidación en las personas“.

Es decir, que la diferencia principal entre uno y otro es que la sustracción se produzca con violencia o intimidación.

Una vez que tenemos clara esa diferencia, debemos mirar que nuestra póliza cubra el robo, ya que hay algunos seguros que lo excluyen. Si no está incluida esa cobertura, probablemente ese seguro no nos va a interesar, ya que ese es uno de los riesgos más frecuentes a los que están expuestas las viviendas, sobre todo, en temporada de vacaciones.

Por último, debemos ser cuidadosos a la hora de cerrar la casa cuando nos vamos. Por ejemplo, asegurarnos de que todas las ventanas y puertas están cerradas, ya que existe una norma en la Ley de Contrato de Seguro por la que el asegurador no tiene que indemnizar cuando ha habido negligencia grave del asegurado (art. 52.1 de la Ley)

En cualquier caso, es muy importante leer bien las condiciones, tanto particulares como generales, de la póliza que vamos a contratar, para que luego, cuando lo necesitemos, no haya sorpresas.